Cajas mágicas

Armando Villegas: Caja

Por Leonel Estrada, 1992
Villegas es un creador complejo que no busca caminos fáciles y que mantiene una investigación constante que le lleva a un descubrir permanente de formas y colores, ritmos, texturas, etc. Apela siempre a modos originales de comunicar su mundo interior, que a veces resulta ser el mismo mundo exterior, pasado y enriquecido por sus ojos sensibles, su mente y sus manos. En el taller, diariamente, va amalgamando ideas de aquí y de allá. Como un alquimista va mezclando vivencias y elementos para configurar un lenguaje personal y distinto. No es extraño que incorpore a su obra el ancestro andino, con lo cual desarrolla una neo-geometría partiendo de un diseño textil y cerámico de Paracas, de Nazca y de Tihuanaco, o sea, una simbiosis de lo indoamericano con lo universal moderno.
Villegas y su obra plástica son un todo, una aventura y un descubrimiento ininterrumpido... Un mundo exultante de maravillas, que eso son sus cajas y sus ensambles de telas, de residuos de madera o de metal, de desechos de taller. Cajas que no pretenden parecerse a objetos, sino que ellas mismas son objetos, con vida propia. Y de esas cajas mágicas surgen luego máscaras, esculturas extrañas, llenas de misterio como la buena música. Sin tener que recurrir a pentagramas, llega a lo misterioso, plegando un trapo untado de pintura, o apelando a la oscuridad de una grieta, al grito que estalla de un color intenso a otro. Siempre hemos visto a este artista como brujo que sabe explotar la hosquedad de la materia. En su trance creativo, destroza, descompone, rasga, reagrupa fragmentos sin temor, rompiendo también las leyes de la composición y de la sintaxis plástica; entra en trance, y todo lo que toca o acciona lo convierte en arte.

Abstracción Informalista

Armando Villegas: Abstracto 1962
Por Sebastián Salazar Bondy
(El Comercio, Lima, 1959)

Una caracterización del estilo de Armando Villegas lo obligaría a uno a establecer dos tendencias oscilantes: una que se caracteriza por la rigidez de sus patrones geométricos, en tanto que la otra se identifica con la “abstracción informalista”, en ocasiones denominada liad d'autre.
Sin embargo, el elemento de unidad en su obra lo es el tratamiento de las superficies.
Armando Villegas está principalmente interesado en las texturas, las cuales nunca se oponen al color...
Su conocimiento del color es el resultado de años de afanosa experimentación y de su familiaridad con sus bases teóricas, obtenida a través de sus rutinarios hábitos de lectura, que pueden fluctuar desde tratados sobre arte hasta su deleite en la poesía de César Vallejo...


Entrevista a Armando Villegas


Enrique Grau, Guillermo Wiedemann, Alejandro Obregón, Armando Villegas, Fernando Botero y Eduardo Ramírez Villamizar. Foto de Hernán Díaz, 1955

“Los críticos pasan pero los artistas quedan”
(Fragmento)
A una semana de culminar la gran encuesta sobre artes plásticas, los editores generales de Con-Fabulación (Gonzalo Márquez Cristo y Amparo Osorio) entrevistaron a uno de los protagonistas de la plástica, elegido como la sexta figura más sobresaliente del arte colombiano de todos los tiempos (según los centenares de lectores que participaron en el mediático estudio cuyos resultados fueron publicados el 14 de diciembre de 2009). 
El colombo-peruano Armando Villegas (Pomabamba, 1926), exponente fundamental de nuestro acervo imaginario, residente en Bogotá desde 1951, acude a su vasta experiencia académica para proponer la cada vez más necesaria pedagogía de la libertad.

En el sentido dado por los románticos el arte debe ser una fusión de la vida con los artilugios estéticos de su autor; ¿desde esa perspectiva se podría decir que Colombia ha tenido muchos pintores pero muy pocos artistas?
Un pintor o un dibujante es quien conoce la técnica, pero un artista debe contener un cosmos estético en su interior. Para él no es posible enfrentarse a su obra sin haber indagado previamente en las revoluciones de la plástica acontecidas desde las cuevas de Lascaux hasta nuestro tiempo, y lo más importante, sin dejar en cada una de sus creaciones la impronta de su feliz o perturbada existencia. El artista es por tanto quien involucra en su arte la poesía, quien hace de su expresión un hecho poético, porque lo posee la aguda conciencia de que su obra no es un simple accidente, sino un proyecto vital.

Usted trabaja en una extensa serie de pequeñas esculturas en material reciclado, ¿por qué esa idea de realizar una gigante colección de objetos de gran fragilidad?
Todo comenzó un día en que mi “guerrera” preferida –mi esposa Sonia Guerrero- me instó a abandonar mis fieles guerreros por un tiempo para dedicarme a la creación de estas figuritas de madera, trapo o chatarra reciclada, que ya casi llegan a las 1.001 según lo proyectado, siguiendo el rumbo instaurado por la inolvidable Sherezada. Me quedan algunos meses de trabajo para concluir esta lúdica y dispendiosa aventura que será expuesta el próximo año en el Museo de Arte Moderno de Bogotá, que ahora ha sido reducido al MaMBo, como si fuese un género musical.

Durante décadas ha ejercido la pedagogía, dictó clases en varias universidades e incluso fue director de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Colombia, ¿usted cree que es posible enseñar una disciplina artística?
El color indica peligro o placidez e ignoro si eso es posible enseñarlo. El dibujo requiere de cierto virtuosismo que se puede aguzar y supongo que esto es probable aprenderlo. Tal vez podemos guiar a alguien para que logre provocar el asombro, con formas y colores, pero sospecho que lo más importante es que el maestro consiga ayudar al alumno para que encuentre su liberación, que además de dar claves técnicas pueda transmitir su insurrección interior. Se me hace imperioso decirlo para concluir: El maestro debe propagar siempre en sus clases una pedagogía de la libertad, debe enseñar al alumno a enseñarse, de otra manera habrá esculpido en el viento.
(Diciembre de 2009)

Collage y ensamblajes

Armando Villegas: Óleo y collage sobre cartón, 1988

Por Leonel Estrada
En estos cuadros, casi siempre hay un personaje central, pero sin intención de que sea punto focal único, tema y fondo se entrelazan para construir un rumor de calidades y de tonos. No hay vacíos, todo está tejido de sueños y sorpresas. Villegas, que posee una gran dicción plástica, conoce su oficio al máximo como los maestros de la antigüedad, todo lo ha experimentado desde la arcilla a los metales, del óleo a los acrílicos.
Su oficio es de orfebre y lo demuestra en sus íconos, en la cerámica, en la escultura, en sus joyas, en su pintura o en el mural.
Villegas no descubre secretos, los inventa. Nada le resulta desechable. Todo es convertible en arte y en poesía. Pero esto no es todo, hay magia y hay misterio que consigue a partir del manejo de la luz con que modula un espacio o un color. Bordeando el abismo y sin caer nunca en el caos, hace sus búsquedas yendo de lo razonable a lo sentido, de lo estático a lo dinámico, de lo formulado a lo espontáneo. El conocimiento de recursos, su dominio tono-cromático, su alquimia, sus caligrafismos, el dibujo de gran lirismo, le confieren la audiencia a su lenguaje y le permiten imprimir facetas distintas a cada obra suya.
La obra de Villegas no es para ver sino para mirar y remirar. Cada cuadro suyo es una lección de gran arte.

Pedagogía especial del dibujo

 Común Presencia Editores presenta aquí una obra indispensable para la pedagogía del dibujo, escrita por uno de los más extraordinarios exponentes de la plástica latinoamericana, el maestro Armando Villegas.
Este riguroso estudio, dirigido a los profesores de arte y a los padres sensibles, cuyo objetivo es hacer más placentera y eficaz la enseñanza estética durante la infancia, propone algunos métodos de fácil realización, que podrían aproximar a los niños al deleitoso universo artístico, con el agregado esencial de profundizar en todas las formas del conocimiento, a partir de la enriquecedora visión que el ejercicio pictórico y el afinamiento de la percepción pueden legar a nuestra existencia.
El dibujo al natural, su realización a partir de las formas memorizadas, las proyecciones, la perspectiva y la utilización de los más simples modelos, son algunos de los temas trabajados por este artista de reconocimiento internacional, que siempre ha asumido su experiencia creativa bajo la óptica de la Paideia griega, formulada como una educación para la vida.

Orígenes del dibujo - Pedagogía especial I


Por Armando Villegas
Para entender cualquier material de estudio, es necesario remontarse a su origen, y seguir su evolución hasta cuando lo encontramos transformado en objeto de ciencia. En nuestro caso, inicialmente debemos observar con atención los tempranos tanteos gráficos dejados en gran variedad de superficies por los primeros hombres; los cuales casi siempre corres­ponden a la interpretación de todo aquello que pudo impresionar su mente primitiva, y llegó posteriormente a ser objeto de grabación más o menos afortunada, con una imaginación que aún no conquistaba el conocimiento concreto de las formas de la naturaleza.
Josep Pijoan (1881-1963), historiador español de arte, en su Historia del arte, publicada en 1915, nos señala dos amplios campos para la exploración de los orígenes del arte: el de los primitivos y el de los niños, cuyas culturas incipientes nos permiten avanzar en manifes­taciones verdaderamente artísticas.
En la conocida pictografía de los primitivos no encontramos esa fase infantil llamada “garabato”; en cambio, observamos, en sus repre­sentaciones antropomorfas, el mismo sentido esquemático, posiblemente como producto de su representación intuitiva de la naturaleza. Así como en el lenguaje oral, el niño inventa las palabras para designar las cosas, en el lenguaje gráfico inventa formas para mostrar lo que ha impresionado su imaginación; es posible que el hombre primitivo haya llegado al recurso de la descripción gráfica por la pobreza de su vocabulario, y es en este momento cuando debemos, con seguridad, fijar el origen del dibujo.
El profesor Luquet, en su magnífica obra El dibujo infantil, registra el hecho observado en su pequeña hija, que, impresionada por una devanadera, y no pudiendo nombrarla por desconocimiento de la palabra, pidió un lápiz y papel e hizo un dibujo esquemático del objeto, lo que nos hace suponer que, posible­mente, es el dibujo el que antecede a la palabra y que es un medio común de expresión, tanto en el niño como en los hombres primigenios.
La similitud más marcada en las manifes­taciones gráficas del niño y de los primitivos es la ausencia total del sentido de profun­didad, de la tercera dimensión, porque en ambos casos su representación es bidi­mensional; al parecer, sus mentes no están todavía lo suficientemente desarrolladas para la apreciación tridimensional.
Otro aspecto, similar en ambos, es el carácter lúdico que tiene para ellos la producción gráfica, lo cual nos hace recordar la teoría estética de Kant, que asigna al juego el origen de la manifestación artística.
Con la evolución de las formas artísticas, el dibujo pasó a ser medio de las artes plásticas, sujeto a las técnicas imperantes.

Villegas interpreta a Klimt

El juego de la interpretación
Homenaje a clásicos del erotismo

Gustav Klimt (1862-1918), el pintor simbolista austríaco de gran eclecticismo y propenso desde su juventud a fuertes controversias, a tal punto que su retrato de Adele Bloch-Bauer fue subastado hace un lustro por 135 millones de dólares (el cuarto cuadro más costoso de toda la historia del arte en esa fecha), y que a un siglo de su muerte sigue avivando escándalos como el del Museo Leopold de Viena, cuando permitió la entrada gratis a la sala donde se exhibía Nuda Veritas a los visitantes que fueran desnudos —invitación, sobra decirlo, que fue acogida multitudinariamente—, es el gran artista a quien rendimos tributo en este número de Con-Fabulación. El cruento pasaje de Judith y Holofernes, que ha obsesionado a tantos pintores a lo largo de la historia, como Artemisia Gentileschi, Caravaggio, Allori, Donatello y Goya, entre otros, en 1901 fue honrado por la interpretación de Klimt, quien inauguraría con aquella obra su fecundo Periodo Dorado. 
La maravillosa composición que fusiona el invasor cuerpo de Judith, mujer fatal bíblica, dejándole tan sólo un espacio en la esquina inferior a un fragmento de la cabeza del general asirio Holofernes, quien fue embriagado y decapitado traidoramente por la irresistible viuda para salvar a su pueblo, sería la primera tela en que Klimt usara esa perspectiva doble unida al pan de oro que adicionaría en adelante a muchos de sus óleos, como una recurrente nostalgia bizantina. 

Armando Villegas: Judith y Holofernes, homenaje a Klimt
Armando Villegas (Pomabamba, Perú, 1926), uno de los pioneros de la modernidad en el arte colombiano, quien introdujera a comienzos de la década del cincuenta el abstracto a este país que todavía se obnubilaba con el paisajismo, y quien fuera avalado por la crítica argentina Marta Traba, hasta incluirlo en ese grupo selecto de creadores que ella consideraba como el más vigoroso y renovador de la plástica colombiana —al lado de Obregón, Botero, Grau, Ramírez y Wiedemann—, es el encargado de culminar el proyecto del periódico virtual  Con-Fabulación, que se extendió por más de cuatro meses y que será posteriormente vivificado en la sublime exposición donde se reunirán la totalidad de las 21 piezas versionadas, el jueves 31 de mayo en la Galería Alonso Arte (Calle 85 No 11 - 53), verdadero acontecimiento plástico en nuestro país. 
Es oportuno recordar que Villegas, este grande de la pintura colombiana, durante su primera exposición fue presentado por Gabriel García Márquez con estas exaltadas palabras: “Tengo la satisfactoria impresión de estar asistiendo al principio de una obra pictórica asombrosa”.
Artista de filiación barroca, oriundo del Perú y afincado en Colombia desde 1951, a quien además le debemos varias obras maestras del abstracto donde lo matérico encuentra su mejor definición, y quien ha legado a nuestra pintura el icono del Guerrero, decidió aproximarse al universo de Klimt con un díptico donde persigue los matices dorados del genio austríaco, y representa de una manera tan lúcida como poética, la famosa escena de Judith y Holofernes, pero esta vez, pintando al general asirio sosegado, en un congelamiento teatral, casi seductor, muy anterior a su decapitación. 
Complementariamente en la imagen de Judith es notoria la alusión al óleo de Klimt, en los senos destapados y en un rictus perverso que habita su carácter. Este cuadro doble de Villegas, en el que apreciamos sus texturas inconfundibles que dan la apariencia de un alto relieve, está visitado por el único pájaro que vuela hacia atrás, y uno de los pocos que no se pude apresar, pues esa acción ocasionaría su suicidio: el colibrí. Villegas, quiere así recordarnos, que en esa historia bíblica se estaba tejiendo entonces la libertad de un pueblo oprimido. 
 Con esta inolvidable obra terminamos el gran divertimento de con-Fabulación que contó con el apasionado ánimo de miles de nuestros lectores de diversas latitudes del mundo —y cómplices de algunos países donde se comienza a replicar nuestra trasgresora idea—, dejándonos el placer de recordar que tenemos varios cuerpos, como lo dijo Roland Barthes, pero que sólo gracias al milagro del lenguaje y del arte podemos visitar nuestro cuerpo verdadero.


Periódico virtual Con-Fabulación, No. 225, 9 de abril de 2012

Sortilegio cromático (fragmento)

Por Gloria Inés Daza
Si recorremos el proceso de su pintura, hasta ubicarnos en el momento presente, vemos cómo cobran vigencia las apreciaciones varias de los críticos. Villegas no ha sabido sujetarse a cánones, conociéndolos todos. No ha transigido por las facilidades de oficio o las propiedades cromáticas de su personalidad plástica. No ha aprovechado el efectismo de las modas, ni su estricta formación académi­ca. Ha estado acumulando conocimientos, nutriéndose de investigacio­nes propias y ajenas, se ha sumergido en la historia del hombre creador a través de los tiempos, hasta regresar cargado con sus propios tesoros al pasado, colocándose en igualdad de condiciones frente a sus antepasa­dos indígenas. Cuando más estrictamente se ha comprometido con la geometría, o cuando su expresionismo abstracto ha compuesto un espa­cio netamente pictórico, renunciando a las estructuras formales, siempre su inconsciente creador le ha llevado por rutas reminiscentes, en búsque­da de imágenes, si no ya físicas, sí espirituales.
El animismo, las sensacio­nes y las asociaciones, las fuerzas latentes del espíritu, nos han llevado, a través de su evolución y en los aparentemente distantes pasos de su carrera creativa, ante su evidente coherencia dialéctica, de hondas raigambres mágicas y telúricas, de hondas raíces americanas. Porque como dijera Eugenio Barney Cabrera, en la presentación de su exposición de ensamblajes en el Instituto de Arte Contemporáneo de Lima en 1966: "Periódicamente, cuando podrían observarse síntomas de cansancio, o detalles repetitivos, el artista reacciona contra su propia facilidad y princi­pia otra acción, un nuevo trabajo guiado por diferentes conceptos, dis­puesto a distintas búsquedas. Empero, en estas constantes experiencias, en esta dinámica de la disciplina, hay algo que subsiste, que vuelve y regresa o permanece como tipicidad obsesiva; el carácter ancestral del color, el afluir arterial de las formas, la persistencia de un mundo que, ciertamente, existe en la raíz que nutre el arte de Villegas. Ese mundo en evidencia es América. El cálido continente, en su expresión incásica que, anclado en la sangre del artista como una fijación del inconsciente, toma forma, color, presencia plástica en su obra".
Sirva lo anterior para fijarnos en las raíces ex­presionistas que han nutrido la obra de Villegas, raíces que propiamente fermentaran uno de los movimientos sintomáticos acaecidos durante los primeros años de este siglo, como lo fue el surrealismo, el cual promulga­ba, en sus principales manifiestos, el automatismo, el poder del subcons­ciente, basándose en las premisas de Freud, en el estudio analítico del artista y su mundo. En los diferentes estadios de su desarrollo, Armando Villegas ha demostrado una entrega incondicional y constante a su quehacer de pintor, manifiesta en el vital inconformismo, en la lucha tenaz para no acomodarse a ese facilismo, producto de su dominio artesa­nal, de su sensual adicción a la materia, del amor por el cromatismo de la pintura. De la obscena y lujuriante intimidad a que ha llegado con su creatividad, insaciada e insaciable, Villegas se salva, proponiéndose cada vez metas más altas. Pasando por su expresionismo abstracto de múltiples facetas y en sus diversas etapas —collages, ensamblajes, ópti­cos, muros y murales— a las témperas y a la pintura del presente, la obra de Villegas, semeja un tumultuoso y denso río, que jamás se ha salido de su cauce, pero que en su energía sostenida, lo transforma.

La Enfermedad de los Curadores



Por Armando Villegas

 Una de las figuras más influyentes de la plástica latinoamericana, envió exclusivamente para Con-Fabulación la siguiente columna, donde arremete con su lucidez característica, contra esa nueva raza de detentadores del poder cultural, que para algunos son los responsables de una nueva enfermedad en el arte.
Amigos de Con-Fabulación: Con la autoridad que me concede ser uno de los precursores del temible, necio y grandilocuente oficio de curador, que ejercí hace sesenta años en la Galería El Callejón de Bogotá durante la década del cincuenta, me interesa realizar un breve comentario que será de gran interés para los seres con sensibilidad estética y desde luego para todos aquellos artistas que hoy padecen la tiranía impuesta por estos despiadados personajes, que han pretendido convertir lo que era una deliciosa actividad estética en una burda y fría técnica.
 Yo —reitero—, que ejercí ese oficio cuando todavía no tenía ese apelativo de “curador”, de pedante connotación médica, y que me esforzaba por colgar las exposiciones de los artistas elegidos con todo mi conocimiento en alianza con mi sensibilidad, para que la muestra quedara con la mayor armonía, es decir con ese equilibrio que buscaban los griegos en su arte sublime, hoy, me corresponde señalar que ese oficio elemental pero esencial, de planear y colgar una exposición, ha caído en manos de tecnólogos al servicio del establecimiento cultural, quienes desean unificar todo en el mundo, exigiéndole incluso a los más independientes creadores temas obvios, ritmos predecibles y motivos falaces.
Los curadores representan los intereses de una sociedad frivolizada, protegen las obras y los artistas que puedan ser un espectáculo, creen que es más importante exponer una colección de botellas de Coca Cola que la obra de algún artista esencial para el desarrollo interior de un colectivo humano. Los curadores imponen todas las manifestaciones pasajeras que generan riqueza o que logran captar la atención de nuestros mediocres medios de comunicación, excluyendo las búsquedas decisivas de quienes piensan que pintar —o esculpir— son posibilidades sustanciales de todos los habitantes del planeta.
Creo que el arte, su gestación y su realización, es una experiencia de libertad, y que esa misma libertad debe alentar todo el proceso creativo, incluso hasta su fase culminante, la de elegir las obras, ordenarlas, colgarlas, logrando la tensión adecuada, un diálogo fecundo con la arquitectura y la iluminación del lugar donde serán expuestas; pues regir todo por factores técnicos y por principios favorables a la difusión mediática subyugará nuestra lucidez creativa, y a menos que nos opongamos a ese empobrecimiento, el mundo que debería ser plural y múltiple, comenzará a homogenizarse, hasta convertirse en un escenario plano como la Tierra que imaginaban los hombres del medioevo.
¡El arte debe estar demasiado enfermo, desde que existen tantos curadores! 

Eliminar las fronteras para el arte - Columna


Armando Villegas: Guerrero del puma

Por Armando Villegas
Una de las figuras más importantes del arte colombiano envía a Con-Fabulación esta columna que sin duda servirá para propiciar una reflexión sobre la existencia de las absurdas leyes que impiden el tránsito y la difusión de la obra de nuestros más importantes creadores. La polémica queda abierta.

Ahora que está de moda el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos es fundamental denunciar que nuestra América Latina se encuentra cada vez más escindida y que nuestras fronteras parecen indestructibles. Quienes trabajamos en el campo de la cultura somos víctimas de los cerrojos despiadados impuestos por la burocracia en contra de la circulación de las obras de arte y de los libros, no sólo por los altos costos del correo sino por las disposiciones relativas al comercio exterior.
En mi larga experiencia como artista plástico de más de sesenta años he sido víctima de estas legislaciones tormentosas. Por ejemplo, cuando un artista es invitado a exponer en un país vecino debe comenzar por la penosa consecución de los permisos, luego someterse a las presiones aduaneras pues las obras de arte de su autoría son tratadas como el peor de los productos humanos y tienen un gravamen muy alto, y como si fuera poco, tal como me ocurrió a mí en una exposición que realizara en Chile donde se comercializaron algunos de mis cuadros, debe reponer las obras vendidas, ya sea pintándolos en los hoteles o en las salas de espera de los aeropuertos, o enviándolas subrepticiamente desde su país de origen mediante correos humanos, pues existe la torpe ley que obliga a devolver la misma cantidad de cuadros que uno llevó a su exposición.
Dejo aquí un interrogante fundamental: ¿es posible que el sueño de tantos artistas latinoamericanos, de eliminar las fronteras para que sus obras puedan ser conocidas en los países hermanos, sea algún día posible? ¿Qué debemos hacer para que el interés desorbitado del Gobierno colombiano y los medios de comunicación, con respecto al TLC, sea equiparable con nuestro ilusorio empeño por lograr que las obras de arte no tengan aranceles, y se trate a nuestros creadores como seres humanos fundamentales para el desarrollo de nuestra cultura y no como criminales?
Espero que algún legislador sensible o culto, si aquello es posible en este mundo contemporáneo, se interese por el colectivo de artistas cuya orfandad se multiplica con el paso de los días.    

Datos Biográficos

Armando Villegas, detrás su obra La luna no es de plata 

1926 Pomabamba, Ancash (Perú).
1935 Lima, estudios primarios y secundarios en el Colegio Nacional Guadalupe.
1950 Escuela Nacional de Bellas Artes del Perú: Título de profesor de dibujo y pintura.
1951 Llega a Bogotá, Colombia.
1951 Ingresa como becado a la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Colombia. Posgrado en pintura mural.
1953 Egresa de la Universidad Nacional de Colombia con grado de maestro en pinturas. Durante los años de estudio en Bellas Artes, colabora con la galería de arte El Callejón de Bogotá.
1957 Contratado por la gobernación de Antioquia en Medellín, dicta taller de arte.
1958 Viaja a Washington invitado por la Unión Panamericana:Expone escultura y pintura.
1959 Funda el taller de artesanías Gruta de Arte.
1964 Expone en la galería de Barbizón (París).
1973 Viaja a República Dominicana como promotor artesanal, por encargo de la Organización de Estados Americanos (OEA). Se vincula a medios culturales dominicanos.
1990 Es invitado por la Universidad de Dankook (Corea del Sur), a exponer sus obras en la primera muestra individual que realiza un artista suramericano.
2013  Fallece en Bogotá el 29 de diciembre, a la edad de 87 años.

DISTINCIONES
1955 Primera mención de honor, Salón Municipalidad de Lima.
1955 Primer premio, Salón Escritores y Artistas de Bogotá, Colombia.
1957 Segundo Premio, Concurso Mural Coltejer. Medellín, Colombia.
1958 Segundo Premio, XI Salón Nacional. Bogotá, Colombia.
1963 Mención de Honor, XV Salón Nacional Colombiano.
1968 Mención de Honor, I Bienal de Quito, Ecuador.
1973 La Cancillería Peruana lo designa para servir como Agregado Cultural ad honorem de la Embajada del Fe:- Colombia y Consejero Cultural de la misma.
1982 Comendador de la Orden de San Carlos, República de Colombia.
1987 Caballero, Gran Oficial y Gran Cruz de la Orden “Al mérito por Servicios Distinguidos” del Perú.
1993 Comendador del Congreso de la República de Colombia.
1993 El Presidente de la República de Colombia, Dr. Cesar Gaviria Trujillo, otorga al artista la nacionalidad colombiana.
2003 Recibe la Orden Tayrona, de la Gobernación del Magdalena.
2005 Recibe la Medalla de Honor del Congreso de la República del Perú.
2007 Recibe la Gran Orden Ministerio de Cultura,  República de Colombia.
2008 Actualmente, ocupa el cargo de Ministro Consejero Cultural ad honorem de la Embajada del Perú en Colombia.
2013 Finalista del Premio Príncipe de Asturias.

ACTIVIDAD DOCENTE
1958/64 Escuela de Bellas Artes, Universidad Nacional de Colombia.
1965/68 Facultad de Arquitectura y Diseño, Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, Colombia.
1973/84 Escuela de Bellas Artes. Universidad nacional de Colombia.  Bogotá, Colombia.
1984/86 Director de la Escuela de Be. 35 -1-es
Colombia. Bogotá, Colcmc-c
1987/91 Escuela de Bellas Artes, Universidad nacional de Colombia. Bogotá. Colombia
1993/96 Facultad de Arquitectura y Diseño, Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, Colombia

EXPOSICIONES INDIVIDUALES
2007 Ramírez Sánchez Galería, Bucaramanga, Colombia.
2007 Francisco Nader, Arte Latinoamericano. Santo Domingo, República Dominicana.
2007 Museo de Arte Moderno de Bogotá (MAMBO).
2006 Yarpanakunapaj (Para que siempre esté en nuestra memoria).
Montealegre Galería. Bogotá, Colombia.
2006 Yarpanakunapaj (Para que siempre esté en nuestra memoria).
Centro Cultural, Pontificia Universidad Católica. Lima, Perú. Homenaje a sus ochenta años de edad.
2006 The Nader Gallery. Miami, EE. UU.
2005 Credit Suisse. Bogotá, Colombia.
2005 Galería Julietta Álvarez. Medellín, Colombia.
2005 Galería La Pared. Bogotá, Colombia.
2005 Salón de exposiciones Universidad Los Libertadores. Bogotá, Colombia.
2003 Centro Cultural y Educativo Español Reyes Católicos. Bogotá.
2002 Centro Cultural, Pontificia Universidad Católica. Lima, Perú.
Homenaje a sus 50 Años de vida profesional como artista.
1998 Galería Julietta Álvarez. Medellín, Colombia.
1993 Iber Arte Galería. Bogotá, Colombia.
1993 Creta Arte Galería. Cali, Colombia.
1992 Galería Belarca. Bogotá, Colombia.
1992 Fundación Simón I. Patiño. Ginebra, Suiza.
1992 Museo Manoir de la Ville de Martigny. Suiza.
1991 Yoko Art Hall. Tokio, Japón.
1990 Vorpal Gallery. New York, EE. UU.
1990 Gallery Seoul. Corea del sur.
1989 Galería Acosta Valencia. Bogotá, Colombia
1989 Galería Duque Vargas. Medellín, Colombia.
1989 Galería Arte Autopista. Medellín, Colombia.
1989 Embajada de Estados Unidos. Bogotá, Colombia.
1987 Galería Arte Autopista. Medellín, Colombia.
1987 Galería de Arte Elida Lara. Barranquilla, Colombia.
1987 Galería Arte Autopista. Medellín, Colombia.
1986 Galería Camino Brent. Lima, Perú.
1986 Galería de Arte Contemporáneo. Quito, Ecuador.
1985 Galería Acosta Valencia. Bogotá, Colombia.
1984 Feria Internacional de Arte de Basilea. Suiza.
1983 Museo de Arte Moderno Universidad Nacional. Bogotá, Colombia.
1983 Galería Belarca. Bogotá, Colombia.
1983 Galería Camino Brent. Lima, Perú.
1982 Galería Skandia. Bogotá, Colombia.
1982 Galería Nova Terra, Obra Gráfica. Bogotá, Colombia.
1981 Galería Camino Brent. Lima, Perú.
1981 Bodley Gallery. New York, EE. UU.
1980 Gaceta II, Sala de Arte. Cali, Colombia.
1979 Cámara de Comercio de Medellín. Colombia.
1979 Galería Ivonne Briceño. Lima, Perú.
1979 Galería Meindl. Bogotá, Colombia.
1979 Galería Etcétera. Ciudad de Panamá, Panamá.
1979 Galería Skandia. Bogotá, Colombia.
1979 Galería Quintero. Barranquilla, Colombia.
1979 Galería Meindl. Bogotá, Colombia.
1977 Galería Ivonne Briceño. Lima, Perú.
1975 Sala de Arte Rosa María. Santo Domingo, República Dominicana.
1975 Galería El Taller Guayasamín. Caracas, Venezuela.
1975 Galería El Callejón. Bogotá, Colombia.
1975 9 Galería de Arte. Lima, Perú.
1975 Galería Meindl. Bogotá, Colombia.
1974 Galería San Diego. Bogotá, Colombia.
1973 Sala de Arte Rosa María. Santo Domingo, República Dominicana.
1973 Galería El Callejón. Bogotá, Colombia.
1972 Casa del Cabildo. San Juan, Puerto Rico.
1971 Galería El Callejón. Bogotá, Colombia.
1971 Biblioteca Luis Ángel Arango. Bogotá, Colombia.
1970 Instituto Colombo-Italiano. Bogotá, Colombia.
1970 Galería El Callejón. Bogotá, Colombia.
1969 Fundación para las Artes. Lima, Perú.
1968 Galería Gruta del Arte. Bogotá, Colombia.
1968 Galería El Callejón. Bogotá, Colombia.
1967 Galería de Arte Moderno. Bogotá, Colombia.
1966 Instituto de Arte Contemporáneo. Lima, Perú.
1964 Galería Barbizon. Paris, Francia.
1964 Instituto de Cultura Hispánica. Madrid, España.
1963 Galería El Callejón. Bogotá, Colombia.
1963 Centro Colombo Americano. Manizales, Colombia.
1962 Biblioteca Luis Ángel Arango. Bogotá, Colombia.
1962 Galería La Tertulia. Cali, Colombia.
1961 Galería El Callejón. Bogotá, Colombia.
1959 Instituto de Arte Contemporáneo. Lima, Perú.
1959 Biblioteca Nacional. Bogotá, Colombia.
1958 Unión Panamericana. Washington, EE. UU.
1957 Museo de Bellas Artes. Caracas, Venezuela.
1956 Biblioteca Nacional. Bogotá, Colombia.
1956 Galería Club de los Profesionales. Medellín, Colombia.
1955 Galería San Marcos. Lima, Perú.
1954 Galería El Callejón. Bogotá, Colombia.
1953 Galerías Centrales de Artes. Bogotá, Colombia.

ALGUNAS EXPOSICIONES COLECTIVAS
2012 El juego de la interpretación - Homenaje a clásicos del erotismo,
Alonso Arte. Bogotá
2008 Feria Arte Américas, Art Vision Gallery. Miami.
2006 Consolidación de la Modernidad, Montealegre Galería. Bogotá.
2004 Medio Siglo de Plástica Colombiana, Centro Cultural y Educativo
Español Reyes Católicos. Bogotá, Colombia.
2002 Inmigrantes, Galería Mundo. Bogotá. Colombia.
1995 ART MIAMI, Feria Internacional de Miami.
1993 FIA 93 Caracas, Venezuela.
1992 Arco Madrid, España.
1990 Trienal de Osaka, Japón.
1980 Galería El Callejón. Bogotá Colombia